Hay plantas que no necesitan espinas ni flores enormes para llamar la atención. Los cactus del género Lophophora son pequeños, redondeados, de un verde grisáceo o azulado y casi siempre a ras de suelo, tanto que en su hábitat natural pasan desapercibidos entre las piedras y los arbustos. Sin embargo, pocos cactus han cargado con tanta historia, tanta controversia y tanta curiosidad científica. Conocemos a algunos de ellos por un nombre, el peyote, pero detrás de esa palabra hay todo un grupo botánico que merece ser mirado con más detalle.

Un género pequeño con un nombre curioso
El nombre Lophophora viene del griego: lophos, que significa cresta o penacho, y phoros, que significa portador. Hace referencia a los mechones de pelos suaves y algodonosos que cubren las areolas, es decir, los puntos de donde en otros cactus salen las espinas. Aquí no hay espinas: solo una especie de borla blanquecina que da a la planta su aspecto casi aterciopelado. Son plantas de crecimiento muy lento, con una gruesa raíz napiforme, similar a una zanahoria, que almacena agua y que en muchos casos es más grande que la parte visible. Durante buena parte del año el cactus puede contraerse y quedar casi enterrado, una estrategia eficaz para sobrevivir a la sequía y al calor del desierto.
Su distribución natural abarca el Desierto Chihuahuense, desde el sur de Texas hasta el centro de México, en zonas de matorral desértico, lomeríos calcáreos y suelos pedregosos. Estados como Coahuila, Nuevo León, Tamaulipas, San Luis Potosí y Querétaro forman parte de su territorio.

Una relación de tiempo con el ser humano
No se puede hablar de Lophophora sin mencionar su importancia cultural. Hay evidencias arqueológicas del uso de peyote con fines rituales, y hoy sigue siendo parte esencial de la vida ceremonial de pueblos como los wixárika (huicholes), que realizan cada año la peregrinación a Wirikuta, en San Luis Potosí, un territorio sagrado para ellos. Esa dimensión cultural y espiritual es la razón por la que la planta ha estado rodeada de mitos, malentendidos y regulaciones, y por la que cualquier artículo serio sobre el género debe tratarla con respeto y sin sensacionalismo.
Las cinco especies
La taxonomía de Lophophora es un terreno discutido. Algunos botánicos reconocen solo dos especies, otros más de cinco, porque estas plantas varían mucho según la región y las diferencias entre poblaciones son sutiles. La clasificación más extendida distingue cinco, y es la que seguiremos aquí.
La más conocida es Lophophora williamsii, la especie que da origen al nombre popular de peyote. Es también la de mayor distribución, desde el norte de México hasta el sur de Texas. Su cuerpo es de un verde azulado o grisáceo, con costillas más o menos marcadas y mechones de lana blanca; produce flores rosadas o blancas, y es la especie más asociada a los usos tradicionales y la más estudiada químicamente.

Lophophora diffusa crece en la región semidesértica de Querétaro y destaca por su color verde amarillento y por tener costillas poco definidas, lo que le da un aspecto más liso y “derretido”, como si el cuerpo se hubiera difuminado. De ahí su nombre. Sus flores suelen ser blancas o de un tono crema, y su aspecto la distingue a simple vista de williamsii.

Lophophora fricii se encuentra en el norte de México y se parece bastante a williamsii, aunque tiende a tener más costillas y un tono azulado más pronunciado. Sus flores son de un rosa intenso o magenta. Algunos autores la consideran una especie propia, mientras que otros la tratan como una variante de williamsii, lo cual ilustra bien la dificultad de clasificar este género.

Lophophora koehresii es una especie de distribución muy limitada, pequeña y que tiende a formar grupos con numerosos brotes, de modo que con los años desarrolla pequeños cojines compactos. Es poco conocida fuera del ámbito especializado, y su rareza la hace especialmente vulnerable.

Por último, Lophophora alberto-vojtechii es la más reciente en ser descrita y la menos conocida. Habita en un área reducida del noreste de México y presenta rasgos distintivos que la separan del resto, aunque, como ocurre con otras del grupo, su estatus se sigue debatiendo en la literatura botánica.

Distribución de cada especie
Estos son los estados que se asocian a cada especie. Los datos de las tres últimas son menos firmes.
L. williamsii es la de mayor distribución. En México se encuentra en Chihuahua, Coahuila, Nuevo León, Tamaulipas, San Luis Potosí y Zacatecas, con poblaciones citadas también en Durango. Fuera de México llega al sur de Texas (Estados Unidos).
L. diffusa es la más localizada: se asocia casi exclusivamente a Querétaro, en la zona semidesértica del estado.
L. fricii se cita en el norte de México, sobre todo en Coahuila y Chihuahua, y a veces en zonas limítrofes de Durango. Aquí los límites con williamsii son difusos, y por eso los datos varían según el autor.
L. koehresii se asocia a San Luis Potosí, con una distribución muy reducida dentro del estado.
L. alberto-vojtechii se ubica en el noreste del país, principalmente en Tamaulipas y posiblemente en zonas cercanas de Nuevo León. Es la especie de la que tengo menos certeza, ya que se describió hace relativamente poco y hay poca literatura.

Conservación y marco legal
Todas las especies de Lophophora comparten un problema: crecen con una lentitud extraordinaria. Un ejemplar puede tardar varios años en alcanzar la madurez y florecer, lo que significa que la recolección excesiva tiene un impacto enorme, porque las poblaciones tardan décadas en recuperarse. A esto se suman la pérdida de hábitat por la expansión agrícola y ganadera, el desarrollo de infraestructura y el coleccionismo.
El marco legal es complejo y varía según el país. En México, el peyote está protegido y su uso tradicional por pueblos indígenas está reconocido, mientras que en otros lugares su posesión y comercio están restringidos. Por eso, quien se interese por estas plantas debe informarse bien sobre la legislación aplicable antes de pensar siquiera en cultivarlas.
Cultivo y cuidado
Entre los coleccionistas de cactus, Lophophora tiene fama de planta agradecida pero lenta. Necesita un sustrato muy drenante, con mucha arena gruesa o piedra pómez, mucha luz y riego moderado durante la temporada de crecimiento, reduciéndolo casi por completo en invierno. El mayor enemigo es el exceso de humedad, que pudre la raíz con facilidad. La propagación se hace principalmente por semilla, un proceso que exige paciencia, y en algunas especies también por hijuelos.

Al final, Lophophora es un recordatorio de que lo pequeño puede ser enormemente complejo. Cinco especies, o quizá más, según a quién se pregunte, repartidas en una franja de desierto. Conocerlas implica hablar de botánica, de cultura, de conservación y de respeto, y cualquier artículo sobre ellas tiene la oportunidad de contar todo eso sin perder el asombro del primer encuentro con un cactus pequeño, redondo y sin espinas, escondido entre las rocas.
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